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*Retrata tu aldea y serás universal es la máxima de Tolstoi que hace suya Todd Field director de la notable película “En el dormitorio” que por estos días oxigena la cartelera invernal con la agudeza de su nueva cinta: Little Children (pésimamente traducida como “Secretos íntimos”)
La aldea que construye Field está situada en los suburbios de Estados Unidos y habitada por una fauna de individuos que incluye a Brad, un apuesto padre de un niño de 6 años al que cuida mientras su esposa trabaja, a Ronnie, un excarcelado pederasta y a Sarah (Kate Winslet, nominada al Oscar por este rol) una mujer que intenta encajar tanto en los intereses de su marido como en el provincianismo de sus nuevos vecinos. Sus historias se cruzan físicamente en la piscina pública y en la plaza, dos lugares que funcionan como alegoría de la variopinta sociedad contemporánea y en particular, de la clase media norteamericana. Sus vidas se entrelazan emocionalmente como respuesta a la soledad y al hastío de la rutina. Así, “Little Children” se puebla de temas que muestran sus diversas aristas: vocación, infidelidad, maternidad, vida matrimonial, sexualidad, tolerancia son algunos de ellos, pues es una película que aspira a reflejar las miserias y complejidades del ser humano y el mundo que lo rodea, por medio del registro de una cámara delatadora pero no moralizante y de un guión preciso, resonante. La intención predominantemente retratista del director se refuerza mediante la presencia de un narrador en off extradiegético- heredado de la novela de Tom Perrota que inspira el filme- que ordena el relato y exterioriza algunas reflexiones de sus protagonistas.
“Little Children” narra un trozo de la vida de un conjunto de personajes atrapados. Sujetos que de un día para otro se descubren viviendo una vida que no les satisface, que no se asemeja en nada a lo que ellos querían ser. Pues, un azaroso beso con Sarah, hará a Brad darse cuenta de la frialdad de su matrimonio, pese al innegable atractivo de su mujer y, Sarah a su vez, al pillar a su marido satisfaciendo su deseo sexual por internet se dará cuenta que el suyo es una mentira. Significativo resulta también, que el narrador especifique que Sarah llegó a ocupar la casa de la ex esposa sin hacerle modificaciones salvo un pequeño escritorio para leer (es especialista en Literatura). De esta manera, la infidelidad aparece como una opción de cambio, una forma de escapar del destino ya trazado. Como una Madame Bovary contemporánea. Personaje citado en el filme al ser defendido por ella en un encuentro de lectura. Por su parte, Larry, un policía amigo de Brad, está enfrascado en un trauma gatillado en el pasado e incluso, Ronnie, el personaje atrapado en la pedofilia y en la consecuente marginalidad social, frustra las aspiraciones que su madre tenía para él.
El título original de la película, “Niños pequeños”, resulta clave para entender el trasfondo de la misma. Los infantes que hay en la cinta, ponen la cuota de sensatez en los momentos de crisis de sus progenitores, por lo que en una primera instancia, podría pensarse que alude a los niños de la vecindad que simbólicamente operan como un contrapunto al accionar de sus padres: prejuicio, encasillamiento, doble moral versus flexibilidad, naturalidad, honestidad. Delimitándose así, uno de los tópicos que cruza la trama: la autenticidad intrínseca del hombre se corrompe conforme éste va creciendo e interactuando con un mundo que lo desafía y lo frustra a la vez. Sin embargo, a medida que la acción trascurre advertimos que los verdaderos niños son los adultos que actúan como si su proceso de madurez se hubiese detenido en la adolescencia u otra etapa anterior. El romance clandestino que sostienen Brad y Sarah, por ejemplo, tiene ribetes de amor de secundaria, con rosas guardadas en un libro de poemas incluido. Para qué decir del conflicto vocacional del mismo tipo que no se atreve a afrontar a su esposa y decirle que no le interesa recibirse de abogado y se sienta a ver skate, mientras ella cree que prepara el examen de egreso. O Ronnie que llora desconsolado en un columpio la muerte de su madre. Y es en estos hechos donde se desentraña el mensaje más desolador del filme: el ser humano no es preso de la vida que tiene sino de sus miedos y aprehensiones. Aquellos que le impiden tirar por la borda un estilo de vida mediocre pero cómodo en pos de otro arriesgado y apasionante. Además, postula que toda persona posee un karma o un trastorno sico-emocional que condiciona su manera de relacionarse. La diferencia es que algunos logran mantenerlo en su interior o son socialmente aceptados y otros se ven sobrepasados y estigmatizados por aquello.













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