Crash

Infidelidades y relaciones sexuales de carácter bizarro son sólo algunos de los ingredientes que hace un tiempo atrás consumieron a la conciencia juvenil y se reflejaron sin pudor en programas juveniles como: El Diario de Eva; lugar para que los pokemones adjudicaran el termino del ponceo y que personajes femeninos como el Wena Naty se convirtieran en el nuevo ícono pop de los famosos helados Savory con su producto Palo Rico. Pero lamentablemente para la generación nacida en los 90`s el Sr. David Cronenberg, director canadiense y amante del psicoanálisis, se les adelantó y en 1996 es capaz de obtener el Premio Especial del Jurado en Cannes, debido a la agresividad visual que nos entrega en CRASH. Una película directa y que no está interesada en utilizar metáforas para explicar que sus personajes se mueven en la búsqueda del orgasmo a través de los fierros y los choques automovilísticos. Una temática que durante hora y media no deja de ser discreta y que manifiesta el estilo cinematográfico de Cronenberg. ¿Quizás muchos no entienden a lo que me refiero?, pero aquel director es el referente de la carne. ¿Aún no me explico con claridad?, pues bien, un cineasta que recoge todos los miedos que desborda nuestro subconsciente y lo mezcla con aquel morbo que vive a diario el ser humano. Los fluidos y la sangre forman parte de la transformación corporal que sufre James Ballard, protagonista, que junto a Catherine, su esposa, experimentarán las más diversas formas para mantenerse contentos en la cama. Una de ellas es mediante el engaño, sin embargo, un accidente automovilístico cambiará la búsqueda de excitación de ambos. Desde aquel instante nos introduciremos en un entorno escalofriante y perturbador al ser testigos oculares de la muerte del esposo de la Dra. Helen Remington. Un hecho que dejaría en shock a cualquiera, pero la masturbación de la mujer entre los fierros será el detonante para el nuevo nacimiento sexual de James y un paso temporal por el hospital. A medida que se recupera de sus lesiones vuelve a reencontrarse con Helen, pero sí, de una forma más normal y aislados de la excentricidad sexual, pero la presencia de Vaughan (amigo de Helen) lo inquieta mientras examina sus cicatrices. Un primer encuentro que marcará el inicio de una relación llevada por el deseo de la automutilación y el voyeurismo por revivir tragedias épicas del automovilismo. Momentos inquietantes que generan un sentimiento de distanciamiento con el protagonista y el mundo en el cual se desenvuelve, debido a la falta de una motivación mucho más consistente. A pesar de esto, nos entretiene y nos captura para hacernos parte de la homosexualidad de ambos. Un proceso que permitirá la consolidación de su mayor ambición; un proyecto fotográfico de carácter morboso y que el mismo Chilevisión le gustaría tener en su edición central. Fotografías que relatan la perversión de Cronenberg y que nos acercan a la obsesión que vive Vaughan por crear una utopía entre un grupo de bizarros que lo único que los mantiene con vida es la unificación que se logra con el impacto a través del cuerpo y la máquina (vehículo). De acuerdo a esto, nos situamos hacia el final de la cinta y somos espectadores de la conclusión máxima, donde James y su esposa hacen el amor en un automóvil, mientras Vaughan cae en un barranco. Un desenlace catártico y desenfrenado que te hará odiar o amar a Cronenberg.

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